Pierde el tiempo,
haz las cosas a tu modo;
no te limites,
ni tampoco te adaptes a las ideas de los demás,
ya que,
al cabo de un tiempo,
ellos estarán tan desencantados como tu.
Se tu mismo,
disfruta de las buenas mujeres
y de las malas también;
no hagas nada,
recuéstate en tu cama
y no dejes de mirar al techo,
hasta que sin darte cuenta
te quedes dormido.
Pasa horas tomando un vaso de whisky,
siéntate en el banco de alguna plaza a las tres de la tarde
y mira el culo y las piernas
de esas golondrinas en mini faldas;
escribe relatos,
fabrica bombas,
compra armas;
cepilla tus dientes,
fuma hierba,
ama,
sueña,
resucita unas cuantas veces.
Duerme hasta el mediodía,
lee el periódico,
viaja,
apuesta,
arriésgalo todo,
pero nunca permitas que nada ni nadie
te diga lo que tienes que hacer,
no dejes que un profesor te carcoma con sus miedos;
no aceptes el fracaso como herencia;
deshazte de los dogmas;
se libre.
Haz lo que quieras con tu cuerpo,
véndelo,
dónalo,
rocíalo con gasolina.
Conviértete en alguien inexorable,
bebe cerveza,
ron,
tequila.
Disfruta del sexo
como si no hubiera mañana.
Ve aunque sea una vez al cementerio
y elige tu tumba,
familiarízate con el lugar donde pasaras el resto de tu muerte,
hasta que este mundo cambiante
se ahogue en su propia decadencia.
Ve al doctor,
pero nunca le hagas demasiado caso;
los médicos siempre te dicen: "no bebas", pero ellos beben;
"no fumes", pero ellos fuman;
"no folles", pero ellos follan.
Mantente alejado del rebaño, deslízate;
haz lo que quieras con tu vida,
excepto permitir
que los demás
asesinen tu tiempo.
Eduardo Velásquez
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