Sin duda,
el problema no es estar triste,
sino oponerse rotundamente a dejar de estarlo.
Encariñarse con la tristeza,
es tan inútil como extrañar a una mujer
que te ha abandonado hace un par de años,
y no hacer más,
que tirarte en la cama
a suspirar con unos huesos que ya no están.
Estar triste,
es tan cómodo
como acostarse en un sillón a las cuatro de la madrugada,
encender un cigarrillo,
y pensar en todas las cosas que están por venir,
en todo lo que tendrás que soportar
cuando salga el sol y desprenda su primera chispa de luz.
Cuando estas triste ya nada importa;
Nos es indiferente
si se derrumban los castillos.
Nos es indiferente
si cae la última bomba.
Nos es indiferente
si mueren o viven las muchedumbres.
Nos es indiferente
si los enfermos curan
o cambian su hogar por la morgue.
A esta puta sociedad,
debería preocuparle
el sombrío estado de ánimo
en que se encuentra la humanidad,
pues,
la tristeza constante de los hombres,
será la causa
de su destrucción.
Eduardo Velásquez
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