miércoles, 14 de octubre de 2015

Reflexión de un suicida.

Recuerdo:
que mi tío murió
a causa de una sobredosis de alcohol,
bebió tanto
que ese día su cerebro
quedo tan nublado,
que no había sol
ni Dios
que fuera capaz de detener la tormenta.
Lo recuerdo hoy,
que estoy a un paso
de enfrentarme a esa disyuntiva
entre cielo e infierno
de la que tanto hemos hablado.

Recuerdo
que todos lloraban su partida:
la abuela
mama,
sus sobrinos;
y aunque
también me sentí afligido,
hoy,
que estoy a un sorbo
del final,
comprendo
que no era su muerte lo que había llegado
demasiado pronto,
sino nuestras lagrimas
las que brotaron
con retardo.

Uno
el suicida
no se quita la vida,
esa
se va mucho antes.


Eduardo Velásquez

miércoles, 7 de octubre de 2015

El infierno abrió sus puertas antes de lo acordado.



Veo, vislumbro, observo, diviso, contemplo;

me veo

apagando cigarrillos con la punta de mi lengua

para sentir algo;

trato de encontrarme en este hemisferio incomprensible,

en un tiempo,

en un ambiente,

donde ya no cuenta lo que piensas tu de ti

sino las opiniones de la gente.


Veo a la humanidad

acoplándose a algo,

al nihilismo,

al fascismo,

al comunismo,

destinamos nuestra vida

a cualquier cosa que prometa algo de sentido,

para acabar en vuestras camas

entablando una conversación filosófica

con Platon

y echando de menos

al amor que dejamos ir por no creer en su momento,

que eso que parecía tan insignificante

y suplantable,

nos haría mas feliz que todo lo demás.


Me veo

agonizando en una camilla del hospital,

sintiendo

como la muerte se acerca,

a sabiendas que ya no hay nada que matar

en este pobre hombre hambriento de algo mas que subsistencia.



No es el tiempo lo que se pierde,

son los momentos que mueren como la pólvora

desperdiciada en sangre comunista.


A la mierda;

que estalle el globo;

no cambiare mis ojos por binoculares vietnamitas;

no dejare de leer a Bukowski por Shakespeare,

no dejare

de ser yo

en un mundo donde todos son el.


Representamos

el hogar de los muertos vivientes,

la tierra de las fotocopiadoras a tamaño carta;

ahora no plagiamos arte

sino personalidades.

Ineptitud oftalmológica;

la ceguera abunda

en una taberna donde

la belleza esta solo en los ojos de quien la ve,

como decía Dylan en un documental sobre su vida.

No se si debo sentirme culpable o inocente

por aborrecer esta mierda de vida,

así que mientras asumo una postura

al respeto,

os doy la bienvenida

a una cena con el diablo a las afueras del infierno (planeta tierra).