domingo, 31 de mayo de 2015

El arte de soñar

No te quejes demasiado, 

pues es de artistas equivocarse.

Manten la última chispa encendida,

sigue luchando,

fotografía los malos momento como cuadros

que no olvidarás jamás.

Guarda la tristeza, la lastima propia, inclusive los sacrificios.

Recuerda:

no es la gloría, la fama, los aplausos o el buen whisky,

lo que te hace feliz,

sino pensar en todo lo que tuviste que soportar para conseguirlo:

pudrirte en una habitación minúscula 

con sus paredes orinadas y cagadas por las ratas;

dormir en una cama con un historial indefinido de eyaculaciones;

el olor a la comida que cocinaban los vecinos

cuando no soportabas el hambre;

las peleas con la soledad donde constantemente eras vencido,

los malos trabajos,

las malas mujeres,

la carencia de sexo.


Te vas a la cama soñando con

el éxito 

los aplausos, 

el dinero,  

y despiertas nuevamente en la habitación de mala muerte

sin aplausos,

sin brandy,

sin sexo;

sin una mujer que encienda algo mas que tus huesos;

sin comida,

sin nada.


Es frustrante,

lastimoso,

desalentador

pero no hay otro camino hacia el éxito,

así que sírvete un trago, enciende un cigarrillo, recuéstate,

y síguelo intentándolo hasta el próximo sueño.


Eduardo Velásquez 

sábado, 30 de mayo de 2015

Carta de arrepentimiento

Para: mi hijo el escritor.
De: su padre

Hijo mío, te escribo esta carta aunque seguramente no te interese saber nada de mí, es probable que al ver mi nombre en el sobre acabes tirándola a la chimenea, o metiéndola en la trituradora de papel que te regale cuando me dijiste que querías ser un escritor y no sabías que hacer con las hojas malgastadas. Espero que la recibas.

Nada ha cambiado demasiado, me sigo haciendo viejo y no hay nada que pueda detener la marcha. Las arrugas no paran de dibujarse por mi rostro; mis huesos cada vez se hacen más frágiles y mis articulaciones están tan endurecidas como un alicate oxidado. Al despertar cada mañana veo que mi cabello se queda pegado a las sabanas como si hubiese postrado mi cabeza sobre una almohada rociada de pegamento. 

Últimamente he decidido romper todos los espejos de la casa, odio lo que reflejan, pero aborrezco aún mas lo que ve la gente de mi. A pesar de los 70 años que pesan sobre mi cuerpo aún reconozco que no se mucho de la vida, sigo siendo un ignorante que le falta mucho por vivir. Inclusive si tuviera la fatalidad de permanecer más tiempo deambulando por este mundo cambiante, indudablemente siempre restaría algo por aprender. 

Antes, cuando era jovén como tu, sin darme cuenta iba endureciendo mi corazón hasta que llegaba un punto en que no lograba sentir nada; era como si desde niño el corazón era tan débil como un perro recién nacido y a medida que crecía se iba haciendo duro, ganaba fortaleza, serenidad, me hacia un hombre inexorable a medida que las agujas del reloj escupían catarros minuciosos en mi nariz; pero ahora es como si hubiese vuelto a ser un niño, siento inocencia, debilidad y el corazón se me paraliza con solo recordar toda esta mierda depresiva. He aprendido a cagarme encima, a orinarme los pantalones, se me hace constantemente una odisea caminar al baño, a medida que lo hago me voy cagando la alfombra, el pasillo, y mancho las paredes de mierda.

Hace unos días fui al médico y volvió a meterme el dedo por el culo. Por fin he aceptado que tengo cáncer de próstata, y desde entonces decidí comprar botellas de vino, cajetillas de cigarrillo; he dispuesto pasarme los días que me quedan acompañado de las polillas y las cucarachas mientras hago lo que mejor se hacer: morir. 

Tengo que decirte que a pesar de todo el tiempo perdido aun te extraño a ti y a tu madre. Hace unos días fui a visitarla al cementerio y le escribí una carta como esta; te juro que mientras lo hacía creí haber olvidado las palabras, no paraba de pedirle perdón, era lo único que trazaban mis manos; seguramente pensarás que me estoy volviendo loco pero creo que nunca había estado tan cuerdo en toda mi vida.

La frustración me mata, estoy arrepentido de esa sórdida vida a la que los arroje sin contemplaciones; ahora veo a esas mujeres caminando por las calles semidesnudas y no logro entender como pude ser capaz de pegarle a tu madre; ella era mucho más hermosa y tierna que todas ellas. Tampoco puedo entender al hombre que estaba en mi cuerpo cuando te daba aquellas palizas; no tengo una cara para mirarte fijamente a los ojos y por eso he estado pensando en comprarme una máscara o un pasamontañas de esos que usan los ladrones para atracar los bancos.

Espero que nunca seas nada de lo que yo he sido aunque creo que en realidad no soy nadie, simplemente  soy una sombra que solo aparece por la madrugada cuando todos duermen, por eso ningún cuello robusto voltea a verme, pero es así hijo, así es la vida. Espero que sigas escribiendo y cuides de tu esposa como yo nunca supe cuidar de ustedes; se te hará fácil hacerlo, solo nunca hagas nada de lo que yo hice, sigue siendo el opuesto de tu padre, valora a tu familia como a nada, recuerda que son el único consuelo que te quedara cuando estés postrado en una cama nauseabunda de un hospital cagada por las ratas o en tu propia casa con las chiripas, da igual, solo trata de hacerlo lo mejor que puedas.

En fin, hijo, tengo tendencia a repetir una y otra vez las mismas cosas, ya se hace de noche, a duras penas puedo ver las teclas y no hay luz, olvide pagar el recibo; así que seguiré aquí conversando con las cucarachas, hablandole a las ratas, y bailando con el canto de los grillos, ahora, mi nueva familia.

Te quiero

Eduardo Velásquez 

viernes, 29 de mayo de 2015

Inconformidad

La perplejidad es mas abundante que 

que toda el agua del mundo.

Hay mas confusiones 

que humanos confundidos

y la gran mayoría

no sabe que coño hacer con su vida.


Llega un punto en que me siento como un astronauta

abandonado en un planeta deshabitado.


Un día puedo sentirme el mejor de los escritores

y al siguiente un jodido fracasado.


Así como hay ingenieros que despiertan siendo poetas

hay católicos que mueren siendo borrachos.


Basta ser alguien para dejar de serlo,

y uno trata de hacer las cosas lo mejor posible,

a su modo,

al modo de otros, 

pero trata,

y muchas veces ni siquiera haciéndolas bien 

uno consigue sentirse mejor. 


Eduardo Velásquez 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Críticos

Siempre

habrá gente incapaz

tratando de sumergirte

en su fracaso.


No les hagas demasiado

caso,

tampoco

los subestimes;


es importante

que los tomes 

en cuenta;


hablarán mal de tu trabajo,

cuestionaran 

lo que ellos

no son capaces de hacer

ni de entender;


te insultaran 

ante

la colectividad,

e inclusive

puede

que te desanimen

hasta tal punto

de asesinar tu

talento

si lo permites.


No obstante,

considéralos,

y recuerda que 

si sus criticas  son malas

significa

que vas

por buen camino.


El resto no importa.


Sigue haciendo tu trabajo

mientras

ellos hacen el suyo. 


Eduardo Velásquez 

martes, 26 de mayo de 2015

La rutina: una metralla al amor.

Las plantas necesitan agua, 

pero regarlas 

excesivamente 

termina pudriéndolas.


Nosotros nos necesitamos mutuamente,

pero si constantemente

estamos juntos

dejaríamos de necesitarnos.


Tengo miedo,

crujen mis nervios como puertas viejas

con tan solo imaginar que eso ocurriese,

por ende 

piérdete y aparece como la aurora,

aléjate lo mas que puedas,

vuelve,

pero no te desaparezcas del todo;

se como las ratas,

escóndete como ellas

en sus pequeñas madrigueras.

Se rápida,

cautelosa,

impredecible,

vete a donde sea,

pero

nunca permanezcas demasiado tiempo a mi lado,

ni muy poco;

se como las estrellas fugaces

pero déjate ver un poco mas,

invítame al cielo en tu aparecer y déjate tocar, besar

y luego huye,

no mates el sueño,

conservemos las ansias.

No convirtamos el sexo en un juego monótono

ni la convivencia en un ring de boxeo.

No suplantemos el deseo por un anillo en el dedo

y cuatro plegarías de un sacerdote 

que no tiene idea de lo que significa vivir con una mujer.

No cambiemos el olor del amor por el de la mierda

como hacen muchos. 


Eduardo Velásquez 

lunes, 25 de mayo de 2015

Autoestima

Se nos exige que respetemos a la gente mayor
a los eruditos, 
a lo estudiados,
no conforme se nos obliga a acatar sus sugerencias
como si se tratase de leyes;
cualquier oposición a ello
es considerado una falta a la moral
y a las buenas costumbres.

Inclusive es preferible que escupas a un viejo
a la cara
a que pienses siquiera en la idea
de encontrar alguna contradicción a lo que dice.
Este comportamiento 
con el pasar de los años se ha convertido
en algo generacional.

Inclusive se puede percibir con frecuencia
en los escritores,
en los libros,
en la gente,
en los profesores que solo mandan a leer 
a Homero y a Shakespeare.

Desde hace mucho la humanidad
se ha permitido observar
hacia el otro lado de la luna;
han desafiado a vejestorios con ideas
ortodoxas que afirman saberlo todo.
Han sido pocos:
es cierto,
pero su fortaleza ha podido con muchos.

Incluso si no hubiésemos desafiado a Dios
muchos de nosotros 
ni siquiera existiéramos.

Además de Jesucristo
nadie mas hubiese 
sido capaz de desafiar al mundo.

Nadie marcaría la diferencia,
no existiría lo que hoy conocemos por estilo:
virtud que la gran mayoría no logra siquiera
atisbar a lo largo de la vida.

Ten presente:
que todo lo que hay en este mundo 
ha sido creado por gente
que en sus inicios
fue catalogada de loca;
del mismo modo
que lo estoy siendo yo
por editoriales 
y lectores conservadores
que no quieren leer nada de esto.

Ellos siguen empeñados
en afirmar, que si un obrero entiende lo que escribes
significa que no sabes escribir.

y yo,
en mi lugar,
considerando unas reglas 
adoptadas por individuos
que al igual que yo
se adentraron en la aventura de hacer algo
que desconocían,
me digo:
— paciencia, paciencia,
ellos aún no están preparados para ti—.

Eduardo Velásquez 


domingo, 24 de mayo de 2015

Menoscabo

Cuando éramos jóvenes

viviamos como si le habíamos ganado 

la partida a la muerte:


saturados de belleza,

alegría,

esperanza,

ilusión;


aún la idea de morir estaba tan lejana

como los sueños.


De pronto en un pestañear

ya eramos adultos,

y lo que se reflejaba en el espejo

eran rostros moribundos

que trataban de preservar una juventúd 

que ya no existía.


Nos aferramos

a

tetas ficticias,

reconstrucciónes vaginales,

liposucciones.

Pero al tiempo

no es la estética lo que nos preocupa,

sino las enfermedades

que se presentan insinuándonos la muerte.


De pronto son bien acogidas

las dietas,

las abstenciones,

el dedo en el culo;


y uno trata de luchar contra aquello

pero es inútil,

no hay nada que pueda detener la marcha.

Días mas, 

horas extras,

belleza artificial:

no son precisamente un triunfo.

Mientras mas paulatina es la derrota

mayor dolor causa.


La juventud desaparece

como los pensamientos de los que olvidan,

desaparece como la presencia 

de los que se permiten ser olvidados. 

Conjuntamente con el tiempo se va la vida también;

estamos atrapados en una encrucijada.


Luchar contra el almanaque

es inútil,

absurdo,

el tiempo es como la muerte,

no hay nada que pueda detenerlo.


Eduardo Velásquez