No te quejes demasiado,
pues es de artistas equivocarse.
Manten la última chispa encendida,
sigue luchando,
fotografía los malos momento como cuadros
que no olvidarás jamás.
Guarda la tristeza, la lastima propia, inclusive los sacrificios.
Recuerda:
no es la gloría, la fama, los aplausos o el buen whisky,
lo que te hace feliz,
sino pensar en todo lo que tuviste que soportar para conseguirlo:
pudrirte en una habitación minúscula
con sus paredes orinadas y cagadas por las ratas;
dormir en una cama con un historial indefinido de eyaculaciones;
el olor a la comida que cocinaban los vecinos
cuando no soportabas el hambre;
las peleas con la soledad donde constantemente eras vencido,
los malos trabajos,
las malas mujeres,
la carencia de sexo.
Te vas a la cama soñando con
el éxito
los aplausos,
el dinero,
y despiertas nuevamente en la habitación de mala muerte
sin aplausos,
sin brandy,
sin sexo;
sin una mujer que encienda algo mas que tus huesos;
sin comida,
sin nada.
lastimoso,
desalentador
pero no hay otro camino hacia el éxito,
así que sírvete un trago, enciende un cigarrillo, recuéstate,
y síguelo intentándolo hasta el próximo sueño.
Eduardo Velásquez