domingo, 24 de mayo de 2015

Menoscabo

Cuando éramos jóvenes

viviamos como si le habíamos ganado 

la partida a la muerte:


saturados de belleza,

alegría,

esperanza,

ilusión;


aún la idea de morir estaba tan lejana

como los sueños.


De pronto en un pestañear

ya eramos adultos,

y lo que se reflejaba en el espejo

eran rostros moribundos

que trataban de preservar una juventúd 

que ya no existía.


Nos aferramos

a

tetas ficticias,

reconstrucciónes vaginales,

liposucciones.

Pero al tiempo

no es la estética lo que nos preocupa,

sino las enfermedades

que se presentan insinuándonos la muerte.


De pronto son bien acogidas

las dietas,

las abstenciones,

el dedo en el culo;


y uno trata de luchar contra aquello

pero es inútil,

no hay nada que pueda detener la marcha.

Días mas, 

horas extras,

belleza artificial:

no son precisamente un triunfo.

Mientras mas paulatina es la derrota

mayor dolor causa.


La juventud desaparece

como los pensamientos de los que olvidan,

desaparece como la presencia 

de los que se permiten ser olvidados. 

Conjuntamente con el tiempo se va la vida también;

estamos atrapados en una encrucijada.


Luchar contra el almanaque

es inútil,

absurdo,

el tiempo es como la muerte,

no hay nada que pueda detenerlo.


Eduardo Velásquez 


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