Cuando empece a escribir
me enfoque en la cotidianidad del vivir,
en el realismo;
tenia tendencia
a adorar las cosas mas simples de la vida.
Me gustaba observar
a las cucarachas colandose por las rendijas
de la puerta,
y a las hormigas enloquecidas huyendo
de la muerte cuando mama empezaba a limpiar
la mesa de la cocina.
Solía caminar por el vecindario
a tempranas horas de la mañana,
para observar el atasco matutino de la vida:
escuchar las sirenas de las ambulancias,
las bocinas de los autos,
las campanas de la iglesia
retumbando
nuestros pecados.
Me gustaba
sentir náuseas
cuando aquel olor a mierda de la ciudad
impregnaba todo el ambiente,
ya que,
desde mi punto de vista,
tanto el placer
como la repulsión son indicios de vida.
Solía reírme
de los ancianos maniáticos limpiando
las pulcras entradas de sus casas,
y de los chistes de un borracho a las
siete de la mañana.
Observar aquello:
sentirlo,
escucharlo,
vivirlo.
Ver
como había gente que luchaba
atrapada entre todo eso
para alcanzar sus sueños:
era admirable,
te quitaba el aliento,
te robaba el sueño.
Ver a un señor con cancer pulmonar
fumando un cigarrillo.
Ver a un chico limpiando retretes
en un centro comercial.
Ver a un mendigo desafiando
a la Policía.
Ver a una madre vendiendo inclusive
hasta su cuerpo para dar de comer a su hijo.
Ver a un pueblo entero propiciándole
una paliza al ejercito.
Ver a esas personas que plantaban
cara a la muerte
aun sabiendo
que no tenían la mas mínima oportunidad:
era algo que me daba
ganas de vivir;
no se porque razón,
pero asi era.
Aquello tenía
vida y muerte a la vez.
Lo asimilaba
como la razón fundamental de todo
y quise compartirlo;
convertirlo en arte.
Intente cavar una fosa en el corazón
de la gente
y hacerles entender.
Quise ayudarlos.
Realmente quise,
pero no lo logre
porque a diferencia de mi
la gente
odia la realidad,
la vejez,
el paso del tiempo.
Nadie esta contento con la vida que tiene
ni con el destino que le espera,
y esto lo comprendí:
cuando mi editor me llamaba
para quejarse
de las pésimas ventas de mis libros.
Eduardo Velásquez
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