Encendí un cigarrillo,
sintonicé algo de música clásica,
entre a la habitación,
tome el revolver,
lo puse en mi boca,
e intente
apretar el gatillo;
pero no pude,
porque cuando al fin
tuve
el valor
de suicidarme
ya no había mucho
que matar.
Eduardo Velásquez
No hay comentarios:
Publicar un comentario