martes, 19 de mayo de 2015

Extemporáneo

Encendí un cigarrillo,

sintonicé algo de música clásica,

entre a la habitación,

tome el revolver,

lo puse en mi boca,

e intente

apretar el gatillo;

pero no pude,

porque cuando al fin

tuve

el valor

de suicidarme

ya no había mucho

que matar.


Eduardo Velásquez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario