sábado, 15 de agosto de 2015

¿Cuando me amaré?

Aún
escucho
aquellas palabras saliendo
de la boca de mi abuela:
"no puedes amar a alguien
si primero no te amas a ti mismo".

Esa afirmación
me marco para siempre,
desde aquel
momento
pensé
que no seria capaz
de amar a alguien
porque particularmente
yo no me amaba demasiado.

Odiaba mi cabello,
la forma de mis manos,
el grosor de mi cuerpo;
no me gustaba mi nariz
y
mi pene
no era tan grande como quería.
Me apestaba la boca,
me hedían los pies,
tenia malos hábitos,
y pasaba hasta cinco dias
sin cagar.
Se me encastraban las uñas,
se me pelaban los dedos,
y no podia sonreir
sin poner
cara de idiota;
pero a diferencia
de mi
aquella chica
era hermosa,
tenia pies delicados,
una sonrisa fresca
y las axilas trasquiladas.
Tenia un lunar en
la pierna derecha
y su aliento siempre olía
a chicle de fresa.
Sus nalgas eran duras,
su coño estrecho
y sus
tetas eran mas hermosas
que el cielo
y el mar juntos.

— como podía no amarla
mas que a mi mismo—
— cómo podía no
volverme un adicto a ella—.

No hay un día
que no invoque su recuerdo,
Sin importar
cuanto lo intente
sigo sin encontrar
la manera
de amarme
tanto
como aún la amo,
y a pesar
del dolor que me ocasiona
nuestra ruptura,
la admiro y
le agradezco
por haber hecho
al menos por un tiempo
algo
que yo nunca hice:
Amarme.

Eduardo Velasquez.

martes, 11 de agosto de 2015

El olvido

Cualquier amanecer

es una proximidad hacia la derrota,

no existe diferencia,

los días y las noches son copias decadentes

de autoretratos de los años 70.

  

Mi vecina

le fue infiel

a su esposo

con un taxista

y perdió 

“al amor de su vida”.

 

Juan,

un viejo amigo,

era un bohemio

que soñaba con la libertad

y todo lo que aspiraba en la vida

era no convertirse en unos de esos viejos malhumorados,

que pasan los mejores años de su vida 

sentados en un escritorio

con el único propósito

de obtener una jubilación,

pero finalmente

en eso se convirtió.

 

Tienes que perder todo lo que tienes

para añorar 

lo que alguna vez tuviste,

olvidar quien eres para 

poder recordarlo.

 

Sin embargo,

desde hace mucho tiempo

así como olvidamos quien somos

olvidamos 

lo que tenemos,

y el problema no es ello,

sino que es posible

que durante los últimos segundos 

de nuestra vida 

no lleguemos siquiera

a recordar

quien fuimos:

cuando eso es lo único

por lo que vale la pena vivir y morir

también. 


Eduardo Velásquez 

sábado, 8 de agosto de 2015

Temor a la soledad

El desayuno en la cama después una larga noche 

en el bar:

definitivamente  no me puedo quejar.

 

Un vaso de jugo de naranja,

un cuchillo y un tenedor,

una taza de café

y el periódico de ayer;

junto a sus ojos tan apaciguados como los de un gato

que me observaban como si esperaran algo a cambio

de todas esas atenciones.

 

Me preguntaba:

 

¿Qué esperaba ella de mí?

 

un beso,

un abrazo,

matrimonio,

o que dejara a un lado todos mis vicios autodestructivos.

 

Las moscas se postraban sobre la comida,

ella me veía 

y yo la miraba

mientras le echaba un poco de whisky al café.

 

Nos recostábamos 

a ver la televisión,

ella se tiraba sobre mi pecho y

se acurrucaba entre mis brazos

mientras se me pasaba la resaca

— para ella 

ese reflejo en el espejo 

era lo mas parecido al amor—


Al cabo de un tiempo 

nos separamos,

y me di cuenta 

que no era estar lejos de ella lo que me afectaba;

lo que me afligia era no saber con quien iba

a estar

cuando ella se fuera.

Ahora solo me acompañan las cucarachas,

las ratas,

las moscas,

los renacuajos del jardín,

y el chirrido de los grillos;

es todo,

no hay nada mas que mis ronquidos y una voz que quiere decir

te extraño 

y no tiene quien la escuche.


Eduardo Velásquez 

martes, 4 de agosto de 2015

Fracaso

La humanidad deja de temer a la muerte
para tenerle miedo a la vida.
Unos se percatan del monstruo
que se avecina
cuando ya son viejos
y aunque haya mucho por hacer
ya no vale la pena hacer nada.

Los suicidas lo notan antes de tiempo,
pues,
como todo en la vida,
el nacer con un entendimiento superior
tiene que pagarse con muerte.

En este mundo nada es gratis,
y aunque el infortunio nunca sea remunerado
el beneficio más tarde la vida te lo cobra con intereses.

Estamos en desigualdad:

¿Quién ha dicho que no?
Los comunistas y sus utopías que saben a caramelos baratos

o la democracia con fabulas tan engañosas como
las que le contó Dios a su hijo.

Es la muerte un premio o un castigo.

Imaginar

a Jesús muriendo en la cruz
y resucitando al día siguiente,
hace ineludible
sentir una profunda compasión por el.

Porque después de vivir

en base a una mentira que puede ser
capaz de enloquecerte,
auspiciada por la desesperanza,
y que repentinamente cuando ya la vida se torna
insoportable
y aparece una luz impregnada de muerte
destinada a aliviar el dolor.

Después de eso
lo peor debe ser que a algún testarudo
se le ocurra la idea
de regresarnos a esa vida.

Ya no hay que gritar en los cantos de la iglesia:

Jesús ten piedad
Sino
Ten piedad de Jesús,
quien al ver la catastrófica

situación en que se encuentra este mundo
se debe sentir tan frustrado
como una población en ruinas
a causas de la guerra.

Murió en vano

y no conforme
a Dios se le ocurrió resucitarlo
para echarle en cara su fracaso,
y hacerle entender
que en esta vida nada sirve de nada,
y que por más que uno haga
siempre nos aguardara
una eventual,
pero interminable agonía.
He aquí un sacrificio en vano.

Eduardo Velasquez