escucho
aquellas palabras saliendo
de la boca de mi abuela:
"no puedes amar a alguien
si primero no te amas a ti mismo".
Esa afirmación
me marco para siempre,
desde aquel
momento
pensé
que no seria capaz
de amar a alguien
porque particularmente
yo no me amaba demasiado.
Odiaba mi cabello,
la forma de mis manos,
el grosor de mi cuerpo;
no me gustaba mi nariz
y
mi pene
no era tan grande como quería.
Me apestaba la boca,
me hedían los pies,
tenia malos hábitos,
y pasaba hasta cinco dias
sin cagar.
Se me encastraban las uñas,
se me pelaban los dedos,
y no podia sonreir
sin poner
cara de idiota;
pero a diferencia
de mi
aquella chica
era hermosa,
tenia pies delicados,
una sonrisa fresca
y las axilas trasquiladas.
Tenia un lunar en
la pierna derecha
y su aliento siempre olía
a chicle de fresa.
Sus nalgas eran duras,
su coño estrecho
y sus
tetas eran mas hermosas
que el cielo
y el mar juntos.
— como podía no amarla
mas que a mi mismo—
— cómo podía no
volverme un adicto a ella—.
No hay un día
que no invoque su recuerdo,
Sin importar
cuanto lo intente
sigo sin encontrar
la manera
de amarme
tanto
como aún la amo,
y a pesar
del dolor que me ocasiona
nuestra ruptura,
la admiro y
le agradezco
por haber hecho
al menos por un tiempo
algo
que yo nunca hice:
Amarme.
Eduardo Velasquez.