martes, 4 de agosto de 2015

Fracaso

La humanidad deja de temer a la muerte
para tenerle miedo a la vida.
Unos se percatan del monstruo
que se avecina
cuando ya son viejos
y aunque haya mucho por hacer
ya no vale la pena hacer nada.

Los suicidas lo notan antes de tiempo,
pues,
como todo en la vida,
el nacer con un entendimiento superior
tiene que pagarse con muerte.

En este mundo nada es gratis,
y aunque el infortunio nunca sea remunerado
el beneficio más tarde la vida te lo cobra con intereses.

Estamos en desigualdad:

¿Quién ha dicho que no?
Los comunistas y sus utopías que saben a caramelos baratos

o la democracia con fabulas tan engañosas como
las que le contó Dios a su hijo.

Es la muerte un premio o un castigo.

Imaginar

a Jesús muriendo en la cruz
y resucitando al día siguiente,
hace ineludible
sentir una profunda compasión por el.

Porque después de vivir

en base a una mentira que puede ser
capaz de enloquecerte,
auspiciada por la desesperanza,
y que repentinamente cuando ya la vida se torna
insoportable
y aparece una luz impregnada de muerte
destinada a aliviar el dolor.

Después de eso
lo peor debe ser que a algún testarudo
se le ocurra la idea
de regresarnos a esa vida.

Ya no hay que gritar en los cantos de la iglesia:

Jesús ten piedad
Sino
Ten piedad de Jesús,
quien al ver la catastrófica

situación en que se encuentra este mundo
se debe sentir tan frustrado
como una población en ruinas
a causas de la guerra.

Murió en vano

y no conforme
a Dios se le ocurrió resucitarlo
para echarle en cara su fracaso,
y hacerle entender
que en esta vida nada sirve de nada,
y que por más que uno haga
siempre nos aguardara
una eventual,
pero interminable agonía.
He aquí un sacrificio en vano.

Eduardo Velasquez

No hay comentarios:

Publicar un comentario