Cualquier amanecer
es una proximidad hacia la derrota,
no existe diferencia,
los días y las noches son copias decadentes
de autoretratos de los años 70.
Mi vecina
le fue infiel
a su esposo
con un taxista
y perdió
“al amor de su vida”.
Juan,
un viejo amigo,
era un bohemio
que soñaba con la libertad
y todo lo que aspiraba en la vida
era no convertirse en unos de esos viejos malhumorados,
que pasan los mejores años de su vida
sentados en un escritorio
con el único propósito
de obtener una jubilación,
pero finalmente
en eso se convirtió.
Tienes que perder todo lo que tienes
para añorar
lo que alguna vez tuviste,
olvidar quien eres para
poder recordarlo.
Sin embargo,
desde hace mucho tiempo
así como olvidamos quien somos
olvidamos
lo que tenemos,
y el problema no es ello,
sino que es posible
que durante los últimos segundos
de nuestra vida
no lleguemos siquiera
a recordar
quien fuimos:
cuando eso es lo único
por lo que vale la pena vivir y morir
también.
Eduardo Velásquez
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