martes, 15 de septiembre de 2015

Cuanto...

Cuando ella decidió que lo nuestro
debía terminar
no pude evitar convertirme
en un siervo de la melancolía.

Quería retroceder el tiempo;
soñaba con volver a
besarle,
acariciarla,
pensaba en todas 
esas noches que  había desperdiciado aturdiendo sus 
oídos con mis ronquidos,
en lugar de observar lo hermosa que lucia
mientras dormía;
cuantos amaneceres desperdicie buscando en el sol
una felicidad que ya palpaba;
cuantos besos deje de darle,
cuantos abrazos,
cuantas caricias,
cuantas veces preferí ir al bar o ver la televisión 
en lugar de hacerle el amor;
cuantas discusiones en vez de risas;
cuanto odio
en lugar de amor;
cuanto tiempo,
horas,
minutos,
segundos,
días
y meses
desperdiciados.

Cuanto,
cuanto, 
cuanto;
cuantas cosas dejamos de hacer;
cuando quedó pendiente;
cuanto pudo 
ser 
y no fue.

- El amor es como la vida, 
nunca dura lo suficiente-
pareciera
que así como el destino
de la vida
es la muerte
el del amor
es la ruptura;

de modo que 
que si puedes mantenerte
alejado
del amor de una mujer
hazlo, 
y si no puedes
también,
puedes huir de sus garras
pero no siempre
lo conseguirás.

Mantente a salvo de su amor;
coquetea con otras drogas;

es mejor
ser adicto
a la cocaína,
o al alcohol,
de eso siempre habrá
en cada esquina,
tugurio,
licorería,
en cambio ese amor  maravilloso,
esplendido,
de ensueño
una vez
que se va
ni vuelve,
ni se suplanta,
ni se supera,
ni se olvida.

"Deambulo por la calle junto a un par de junkies;
ellos aún conservan su alma, 
yo solo un cuerpo vacío 
que será adicto a ella 
por la eternidad" 

¡cuánta razón tenía el poeta! 

- debí coquetear con otras drogas,
el mono del amor es mas insoportable
que el infierno-. 







Eduardo Velasquez 






sábado, 12 de septiembre de 2015

Un esfuerzo en vano.

Día 35,

mi felicidad continúa suspendida en el viento

como un avión a piloto automático.

Sigo sin poder olvidarte.


He ido a la iglesia católica y me he arrodillado

ante Cristo.

He ido a la evangélica y he ofrendado

el diezmo por adelantado.

Me he presentado a los adventistas y les he prometido

que dejare de escribir los sabados.

He acudido a curanderos,

santeros,

brujos,

presbiterianos;

inclusive le he ofrecido mi alma

al diablo.



He quemado tus fotos

y tus cartas.

Le he regalado tus tangas a las putas

y me he quedado a ver como lucen

tus trapos en ellas.



Me he masturbado por cuanta mujer

he visto en la televisión,

en la calle,

en las revistas.



He tomado gasolina,

he consumido drogas,

he bebido sangre de animal.



He emborrachado

cada noche;

me he fumado cada día.



He intentando cuanta locura

se me ha pasado por la cabeza,

y finalmente lo único que he conseguido

es olvidar que decidí olvidarte,

mas no te olvido.

Eduardo Velásquez