Cuando ella decidió que lo nuestro
debía terminar
no pude evitar convertirme
en un siervo de la melancolía.
Quería retroceder el tiempo;
soñaba con volver a
besarle,
acariciarla,
pensaba en todas
esas noches que había desperdiciado aturdiendo sus
oídos con mis ronquidos,
en lugar de observar lo hermosa que lucia
mientras dormía;
cuantos amaneceres desperdicie buscando en el sol
una felicidad que ya palpaba;
cuantos besos deje de darle,
cuantos abrazos,
cuantas caricias,
cuantas veces preferí ir al bar o ver la televisión
en lugar de hacerle el amor;
cuantas discusiones en vez de risas;
cuanto odio
en lugar de amor;
cuanto tiempo,
horas,
minutos,
segundos,
días
y meses
desperdiciados.
Cuanto,
cuanto,
cuanto;
cuantas cosas dejamos de hacer;
cuando quedó pendiente;
cuanto pudo
ser
y no fue.
- El amor es como la vida,
nunca dura lo suficiente-
pareciera
que así como el destino
de la vida
es la muerte
el del amor
es la ruptura;
de modo que
que si puedes mantenerte
alejado
del amor de una mujer
hazlo,
y si no puedes
también,
puedes huir de sus garras
pero no siempre
lo conseguirás.
Mantente a salvo de su amor;
coquetea con otras drogas;
es mejor
ser adicto
a la cocaína,
o al alcohol,
de eso siempre habrá
en cada esquina,
tugurio,
licorería,
en cambio ese amor maravilloso,
esplendido,
de ensueño
una vez
que se va
ni vuelve,
ni se suplanta,
ni se supera,
ni se olvida.
"Deambulo por la calle junto a un par de junkies;
ellos aún conservan su alma,
yo solo un cuerpo vacío
que será adicto a ella
por la eternidad"
¡cuánta razón tenía el poeta!
- debí coquetear con otras drogas,
el mono del amor es mas insoportable
que el infierno-.
Eduardo Velasquez
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