sábado, 19 de diciembre de 2015

Inconformidad generacional

No era lo que esperaba,
fui a Berlin y ya el muro había caído;
solo veía a hombres
gordos
fumando cigarrillos
a las afueras de los bares
mientras cuchicheaban entre ellos
sobre
lo mucho que añoraban la RDA.

Fui a Belfast y ya no había soldados
británicos en la calle,
mucho menos miembros del IRA.

Estuve en Buenos Aires
y Cerati ya había muerto;

y Estados unidos no es lo mismo sin Johnny Cash
siendo telonero
de Presley.

Viajamos por el mundo
con la idea de que todas esas sensaciones
que añoramos
al fin las encontraremos,
pero no es eso
lo que ocurre.

Generalmente nos topamos con lugares
cargados de nostalgia
y melancolía;
lugares que algún día fueron lo que ya no son
ni serán.

El ser humano envejece;
el hombre pierde su alma y
las ciudades también.

Nosotros
los que alguna vez soñamos
con ir a un concierto de Soda Stereo;
Nosotros
los que alguna vez soñamos
con ver a Bukowski vomitando
sobre el público
tendremos  que seguir soñando.

Hay un mundo inexistente
entre el pasado y el futuro;
una tiempo
que podemos sentir
aunque
ya no exista.

Jim Morrison,
John Lennon;
Kurt Cobain;
maravilosos años
de cultura que parecen
haber desaparecido.

Podremos ir a Berlin,
a Paris,
a Seattle,
cuantas veces queramos,
pero nunca
hallaremos
eso que buscamos.
Esos aires ya no están;
esa brisa ya pasó;
ahora lo que se respira
en esos sitios
es nostalgia;
olor a azufre;
imitación;
- los aviones
no son maquinas para retroceder el tiempo -.

En cualquier ciudad
hay
un Mcdonald
en cada esquina,
lo que me hace
muchas veces
cuestionarme
si realmente estoy de viaje
o es solo un sueño.
-          - cuantas culturas asesinadas a causa de la globalización-

Después de haber estado en todos
esos rincones del planeta,
puedo decir
que solo los sellos en el pasaporte
me recuerdan que he pisado
esas tierras alguna vez,
porque realmente
jamas me he sentido ahí.

Y aquí seguiremos echando de menos
etapas que no vivimos;
sintiendo que hemos nacido
en el tiempo
y en el lugar
equivocado,
mientras aborrecemos
una época
que mañana nuestros hijos
querrán
haber vivido.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Nací con suerte

Cuando tan solo era un adolescente iluso con 
grandes sueños, 
acompañaba a papá a su trabajo
y veía a todos esos viejos 
que llevaban 30 años trabajando
en el mismo lugar,  
con el único propósito 
de acceder a la jubilación. 
Sentía miedo,
pavor, 
cuando papa me decía con orgullo: 
“hijo, algún día serás como ellos”. 
En cambio a mis amigos, 
a mis compañeros de la escuela 
les pasaba algo similar, pero a la vez 
completamente diferente: 
ellos también tenían miedo, sí,  
pero no de acabar como esos hombres malhumorados;
sino de la posibilidad de no llegar a ser como ellos.
Al tiempo supe de sus vidas 
y comprendí lo afortunado que era: 
Me despedían de todos los trabajos 
y era rara la vez que me contrataban. 
Creí que había nacido para perder, 
todo parecía estar acordado para joderme. 
Pensaba que me hacían un daño, 
pero ahora que me he encontrado con esas viejas amistades, 
comprendí 
que los malditos jefes de recursos humanos 
que tiraban mi expediente a la basura 
me habían hecho el mejor de los favores, 
al no permitirme
acabar como ellos. 
Eduardo Velásquez 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Nathalia.

No vi venir
el destino
hasta que deje todo mi dinero
en aquella mano de póquer;
realmente no me importaba demasiado;
sin embargo,
estaba consciente de que
ahora me jugaba la vida,
pero no lo veía venir.

No vi venir
el masoquismo: es insensato;
y es duro percatarse de ello,
cuando lo haces
ya es mejor arrojarse al precipicio
a ser un cobarde a las orillas
de la sima del mundo
con miedo a saltar.

No vi venir
la adicción a la nicotina
ni el gusto por alcohol;
no vi venir lo que se avecinaba
antes mis ojos,
a pesar de que el sol del mediodía
estaba allí
atolondrando la vista,
vislumbrando todo.

La oscuridad no se venir hasta
que te arropa por completo,
igual que una danza con la felicidad:
nunca la esperas.

No vi venir
un choque a las tres de la madrugada
en una ciudad que desconozco,
ni la muerte de aquella señora por las manos
de tres desquiciados contadores de cartas.

No vi venir
el inevitable sufrimiento que se avecina,
ni ese desprecio hacia la vida
que llega y nunca se larga:
le hubiese hecho oposición,
pero ya es tarde.

Entre tantas muchas cosas
a ti te vi venir,
tu imagen se dispersaba entre
muchas otras calamidades
que se asomaban en las ventanas de mi vida.
Los dardos dieron en el blanco;
estaba al tanto del peligro que abordaba,
pero era como la adrenalina:
te cagas de miedo
pero no hay mejor forma de sentirse vivo
que estar sobre la cuerda floja.
Nadie toca las puertas del cielo
y desprecia una invitación a cenar.

No vi venir
tus besos hasta que abrí los ojos
y te vi allí,
enredándote en mi lengua;
en mi cuerpo;
como una sanguijuela
chupaste hasta la ultima gota de sangre,
luego seguiste con mi alma:
no tuviste piedad
no dejaste nada para mi.

No vi venir:
el amor.
Jamás imagine un te amo saliendo de mi boca
en un Dublin Bus con dirección a ninguna parte.

No vi venir
mi vida en el amor,
tan solo solo llegó.
Supongo que así como no me percate de ello
también ocurrió
con muchas otras cosas;
lo siento por mi mismo;
asumiré el peso.

Por ejemplo: a ti.
no te vi venir
y eres la sensación mas reconfortante
y maravillosa
que ha llegado a mi vida,
incluso puedo predecir con certeza
que jamas percibiré
algo parecido:
vaya suplicio;
vaya condena.

No vi venir esa noche a las cuatro de la madrugada
haciéndote el amor
en alguna parte de Edimburgo;
como podía imaginar aquello
si hace unos meses estaba a miles de kilómetros de allí
sin ninguna posibilidad de acercamiento.
-cuan intrigante puede ser el destino-

No vi venir:
la vida
ni tampoco la llegada de este poema,
manuscrito del futuro
inspiración,
bloqueo del escritor
o como quieras llamarlo.
Las palabras están por allí
volando en el tiempo
aferrándose a algún servidor que las consiga
desanclar del anonimato;
solo debes encontrarlas
como lo hace la casualidad.

Y así,
repentinamente
llegó algo mas que tu:
tu alma;
y no la vi venir.

En fin,
espero que nunca tengas que irte
porque sería lo mas triste
que me pudiera ocurrir
después de no haberte conocido.

Es preferible vivir en soledad que en compañía
de tu ausencia,
aunque peor que eso
hubiese sido
la inexistencia en mi vida,
la nada con respecto a ti.

Eduardo Velásquez