miércoles, 2 de diciembre de 2015

Nathalia.

No vi venir
el destino
hasta que deje todo mi dinero
en aquella mano de póquer;
realmente no me importaba demasiado;
sin embargo,
estaba consciente de que
ahora me jugaba la vida,
pero no lo veía venir.

No vi venir
el masoquismo: es insensato;
y es duro percatarse de ello,
cuando lo haces
ya es mejor arrojarse al precipicio
a ser un cobarde a las orillas
de la sima del mundo
con miedo a saltar.

No vi venir
la adicción a la nicotina
ni el gusto por alcohol;
no vi venir lo que se avecinaba
antes mis ojos,
a pesar de que el sol del mediodía
estaba allí
atolondrando la vista,
vislumbrando todo.

La oscuridad no se venir hasta
que te arropa por completo,
igual que una danza con la felicidad:
nunca la esperas.

No vi venir
un choque a las tres de la madrugada
en una ciudad que desconozco,
ni la muerte de aquella señora por las manos
de tres desquiciados contadores de cartas.

No vi venir
el inevitable sufrimiento que se avecina,
ni ese desprecio hacia la vida
que llega y nunca se larga:
le hubiese hecho oposición,
pero ya es tarde.

Entre tantas muchas cosas
a ti te vi venir,
tu imagen se dispersaba entre
muchas otras calamidades
que se asomaban en las ventanas de mi vida.
Los dardos dieron en el blanco;
estaba al tanto del peligro que abordaba,
pero era como la adrenalina:
te cagas de miedo
pero no hay mejor forma de sentirse vivo
que estar sobre la cuerda floja.
Nadie toca las puertas del cielo
y desprecia una invitación a cenar.

No vi venir
tus besos hasta que abrí los ojos
y te vi allí,
enredándote en mi lengua;
en mi cuerpo;
como una sanguijuela
chupaste hasta la ultima gota de sangre,
luego seguiste con mi alma:
no tuviste piedad
no dejaste nada para mi.

No vi venir:
el amor.
Jamás imagine un te amo saliendo de mi boca
en un Dublin Bus con dirección a ninguna parte.

No vi venir
mi vida en el amor,
tan solo solo llegó.
Supongo que así como no me percate de ello
también ocurrió
con muchas otras cosas;
lo siento por mi mismo;
asumiré el peso.

Por ejemplo: a ti.
no te vi venir
y eres la sensación mas reconfortante
y maravillosa
que ha llegado a mi vida,
incluso puedo predecir con certeza
que jamas percibiré
algo parecido:
vaya suplicio;
vaya condena.

No vi venir esa noche a las cuatro de la madrugada
haciéndote el amor
en alguna parte de Edimburgo;
como podía imaginar aquello
si hace unos meses estaba a miles de kilómetros de allí
sin ninguna posibilidad de acercamiento.
-cuan intrigante puede ser el destino-

No vi venir:
la vida
ni tampoco la llegada de este poema,
manuscrito del futuro
inspiración,
bloqueo del escritor
o como quieras llamarlo.
Las palabras están por allí
volando en el tiempo
aferrándose a algún servidor que las consiga
desanclar del anonimato;
solo debes encontrarlas
como lo hace la casualidad.

Y así,
repentinamente
llegó algo mas que tu:
tu alma;
y no la vi venir.

En fin,
espero que nunca tengas que irte
porque sería lo mas triste
que me pudiera ocurrir
después de no haberte conocido.

Es preferible vivir en soledad que en compañía
de tu ausencia,
aunque peor que eso
hubiese sido
la inexistencia en mi vida,
la nada con respecto a ti.

Eduardo Velásquez

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