sábado, 5 de diciembre de 2015

Nací con suerte

Cuando tan solo era un adolescente iluso con 
grandes sueños, 
acompañaba a papá a su trabajo
y veía a todos esos viejos 
que llevaban 30 años trabajando
en el mismo lugar,  
con el único propósito 
de acceder a la jubilación. 
Sentía miedo,
pavor, 
cuando papa me decía con orgullo: 
“hijo, algún día serás como ellos”. 
En cambio a mis amigos, 
a mis compañeros de la escuela 
les pasaba algo similar, pero a la vez 
completamente diferente: 
ellos también tenían miedo, sí,  
pero no de acabar como esos hombres malhumorados;
sino de la posibilidad de no llegar a ser como ellos.
Al tiempo supe de sus vidas 
y comprendí lo afortunado que era: 
Me despedían de todos los trabajos 
y era rara la vez que me contrataban. 
Creí que había nacido para perder, 
todo parecía estar acordado para joderme. 
Pensaba que me hacían un daño, 
pero ahora que me he encontrado con esas viejas amistades, 
comprendí 
que los malditos jefes de recursos humanos 
que tiraban mi expediente a la basura 
me habían hecho el mejor de los favores, 
al no permitirme
acabar como ellos. 
Eduardo Velásquez 

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