Cuando tan solo era un adolescente iluso consino de la posibilidad de no llegar a ser como ellos.
grandes sueños,
acompañaba a papá a su trabajo
y veía a todos esos viejos
que llevaban 30 años trabajando
en el mismo lugar,
con el único propósito
de acceder a la jubilación.
Sentía miedo,
pavor,
cuando papa me decía con orgullo:
“hijo, algún día serás como ellos”.
En cambio a mis amigos,
a mis compañeros de la escuela
les pasaba algo similar, pero a la vez
completamente diferente:
ellos también tenían miedo, sí,
pero no de acabar como esos hombres malhumorados;
Al tiempo supe de sus vidas
y comprendí lo afortunado que era:
Me despedían de todos los trabajos
y era rara la vez que me contrataban.
Creí que había nacido para perder,
todo parecía estar acordado para joderme.
Pensaba que me hacían un daño,
pero ahora que me he encontrado con esas viejas amistades,
comprendí
que los malditos jefes de recursos humanos
que tiraban mi expediente a la basura
me habían hecho el mejor de los favores,
al no permitirme
acabar como ellos.
Eduardo Velásquez
sábado, 5 de diciembre de 2015
Nací con suerte
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