miércoles, 7 de octubre de 2015
El infierno abrió sus puertas antes de lo acordado.
Veo, vislumbro, observo, diviso, contemplo;
me veo
apagando cigarrillos con la punta de mi lengua
para sentir algo;
trato de encontrarme en este hemisferio incomprensible,
en un tiempo,
en un ambiente,
donde ya no cuenta lo que piensas tu de ti
sino las opiniones de la gente.
Veo a la humanidad
acoplándose a algo,
al nihilismo,
al fascismo,
al comunismo,
destinamos nuestra vida
a cualquier cosa que prometa algo de sentido,
para acabar en vuestras camas
entablando una conversación filosófica
con Platon
y echando de menos
al amor que dejamos ir por no creer en su momento,
que eso que parecía tan insignificante
y suplantable,
nos haría mas feliz que todo lo demás.
Me veo
agonizando en una camilla del hospital,
sintiendo
como la muerte se acerca,
a sabiendas que ya no hay nada que matar
en este pobre hombre hambriento de algo mas que subsistencia.
No es el tiempo lo que se pierde,
son los momentos que mueren como la pólvora
desperdiciada en sangre comunista.
A la mierda;
que estalle el globo;
no cambiare mis ojos por binoculares vietnamitas;
no dejare de leer a Bukowski por Shakespeare,
no dejare
de ser yo
en un mundo donde todos son el.
Representamos
el hogar de los muertos vivientes,
la tierra de las fotocopiadoras a tamaño carta;
ahora no plagiamos arte
sino personalidades.
Ineptitud oftalmológica;
la ceguera abunda
en una taberna donde
la belleza esta solo en los ojos de quien la ve,
como decía Dylan en un documental sobre su vida.
No se si debo sentirme culpable o inocente
por aborrecer esta mierda de vida,
así que mientras asumo una postura
al respeto,
os doy la bienvenida
a una cena con el diablo a las afueras del infierno (planeta tierra).
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