jueves, 21 de mayo de 2015

Sacrificio

Después de mi divorcio

conocí a una mujer excepcional;

tan estupenda que preferí dejarla ir

antes de tiempo,

incluso antes de siquiera hacerle saber,

cuánto disfrutaba esos peculiares defectos

inmersos en esa espontaneidad

que hicieron tambalear mis huesos.

 

Pude haberme casado con ella;

ser el padre de sus hijos.

 

Pude haber sido todo para ella,

aunque solo sepa que ella lo fue todo para mí.

 

Pude haberme casado con ella,

ser el padre de sus hijos,

pero no lo hice,

porque a diferencia de cómo recordaba

a mi exesposa,

a ella quería recordarla

hermosa,

sincera,

fantástica.

Porque tarde o temprano el amor se esfuma

como el alba,

dura poco,

y cuando dura demasiado, 

de alguna forma

la realidad

hace arder en llamas los románticos

versos de Shakespeare.

 

A ella quería recordarla

blindada,

segura,

perfecta,

tal cual como la recuerdo esta madrugada

de insomnio

mientras enciendo un cigarrillo

bajo la luz de la luna,

meditando con su ausencia

pero en compañía de sus recuerdos,

entretanto un idiota se folla a la mujer

de mis sueños.


Eduardo Velásquez 

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