lunes, 8 de junio de 2015

La otra cara de un reconocimiento

Esta mañana me he topado con esta premisa: “Venezuela recibió un reconocimiento a los progresos notables y extraordinarios en la lucha por la erradicación del hambre por parte de la FAO. Después de detenerme a leer ese titular no he podido evitar sentirme estafado, en lugar de afortunado por la dicha de vivir en un país “libre del hambre”. No puedo evitar pensar en esas madres que hacen colas interminables para comprar leche, ni en  esas trifulcas que se producen entre mis hermanos venezolanos cuando llega el café. Tal vez los encargados de otorgar este reconocimiento solo tuvieron la oportunidad de observar esa sonrisa inocultable que se nos dibuja en el rostro cuando llega la harina P.A.N, pero seguramente  no tuvieron la ocasión de ver como desaparece  cuando vamos a una carnicería, y nos vemos en la penosa necesidad de cambiar ese hábito ostentoso de comer carne. 
Me resulta imposible no sentir una profunda indignación después de ver como muchos países hermanos se han prestado para encubrir la crítica situación que estamos viviendo los venezolanos.  Sin embargo solo queda tratar de entender la razón por la cual hemos recibido este premio. Inclusive he tratado de maquillar un poco la noticia, a ver si puedo tener esa perspectiva optimista del país que vociferan los afectos al gobierno, y de esa manera evitar amargarme tanto, pero aun no lo consigo.
A pesar de la penosa situación en la que nos encontramos, sería irresponsable de mi parte no mencionar siquiera de forma breve, aquel tiempo en el que sobraba la comida y el Estado tenía la posibilidad de dejar que caducaran toneladas de alimentos, a causa de un tedioso proceso de desaduanización. Aquel tiempo de bonanza petrolera y despilfarro parece haber llegado a su fin. No cabe duda que toda esta barbarie se originó gracias a un personaje profundamente populista  e irresponsable que se dedicó a “dar” sin esperar una  “retribución”. Después de varios años, finalmente hemos comprendido que recibir obsequios no es del todo favorable. Ahora nos encontramos en esta ardua situación debido a nuestra caprichoso deseo de desafiar a la historia y creer en un modelo económico que ha sido insostenible en muchas partes del mundo. Hoy sufrimos las consecuencias de haber ocupado un puesto que no nos correspondía; del mismo modo que tampoco somos dignos de un reconocimiento por "luchar contra el hambre" 
Eduardo Velásquez 

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