sábado, 6 de junio de 2015

Somos reemplazables

El tiempo de Dios es cruel y pasajero.

Abordas el tren de la vida

e inmediatamente crees que te despides de la muerte.


Sin embargo,

el efecto alucinógeno dura muy poco.

Y de pronto

hay dos cosas frecuentes:

nacer

y morir.

Nadie podrá contra eso.


Es infalible

que a diferencia de nacer,

todos los días hay alguien que desea morir,

y muchos lo consiguen.


Además de la muerte hay otras cosas

en la vida de las que no puedes escapar,

y haber aterrizado en este mundo condenado

a un final en soledad,

es una de esas.


Nos sentencian por delitos que no hemos cometido;

combatimos la tristeza,

la lastima,

la soledad,

sobrevivimos a esta inmundicia

de muertos vivientes con eslóganes

y uniformes

que representan una ausencia a la que resisten

sin saber que es.


Muchas veces

retomar los estribos del caballo

no es precisamente una solución razonable:

yo deje de ser católico cuando me inmiscuí en la peligrosa

aventura de pensar,

y deje de esperar algo de la vida

cuando no encontré un motivo razonable

para escabullirme de la muerte.


Todo es una falsa:

la lucha en la vida,

los sueños,

la huella en el mundo,

después de la felicidad hay algo mas

pero nadie sabe que...


Todo acabara de alguna manera,

repentinamente la tierra bajara el gancho del retrete

y se tragara todo lo que hemos creado:

desde los libros,

religiones,

y comida basura,

hasta

esa

gran tecnología con la que solemos vanagloriarnos.


Para el mundo,

nosotros,

y todo lo que hemos logrado es basura.


No hay esperanzas para el ateo,

ni para el que dejo de usar desodorante en honor

a la Iglesia Cristiana.


No hay que preocuparse demasiado,

el final será parecido al de los dinosaurios.

El mundo no se acabara para el mundo;

sino para nosotros.

Sácate esa absurda idea de la cabeza,

tu vanidad es tan inútil 

como un lloriqueo por la vida,

ante un psicópata que está a punto de dispararte 

sin motivo alguno.


Ni las cuentas bancarias,

ni tus zapatillas,

ni siquiera los tres títulos universitarios colgados

en la pared de tu habitación podrán servirte de algo.

Tarde o temprano

tendrás que tragarte

tus aires de grandeza y superioridad.


Acéptalo,

se mas humilde;

no somos,

ni seremos

tan importantes.


Por más triste y vergonzoso que parezca,

el sol no gira alrededor de la tierra,

nosotros giramos en torno al sol. 


Eduardo Velásquez 

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