El tiempo de Dios es cruel y pasajero.
Abordas el tren de la vida
e inmediatamente crees que te despides de la muerte.
Sin embargo,
el efecto alucinógeno dura muy poco.
Y de pronto
hay dos cosas frecuentes:
nacer
y morir.
Nadie podrá contra eso.
Es infalible
que a diferencia de nacer,
todos los días hay alguien que desea morir,
y muchos lo consiguen.
Además de la muerte hay otras cosas
en la vida de las que no puedes escapar,
y haber aterrizado en este mundo condenado
a un final en soledad,
es una de esas.
Nos sentencian por delitos que no hemos cometido;
combatimos la tristeza,
la lastima,
la soledad,
sobrevivimos a esta inmundicia
de muertos vivientes con eslóganes
y uniformes
que representan una ausencia a la que resisten
sin saber que es.
Muchas veces
retomar los estribos del caballo
no es precisamente una solución razonable:
yo deje de ser católico cuando me inmiscuí en la peligrosa
aventura de pensar,
y deje de esperar algo de la vida
cuando no encontré un motivo razonable
para escabullirme de la muerte.
Todo es una falsa:
la lucha en la vida,
los sueños,
la huella en el mundo,
después de la felicidad hay algo mas
pero nadie sabe que...
Todo acabara de alguna manera,
repentinamente la tierra bajara el gancho del retrete
y se tragara todo lo que hemos creado:
desde los libros,
religiones,
y comida basura,
hasta
esa
gran tecnología con la que solemos vanagloriarnos.
Para el mundo,
nosotros,
y todo lo que hemos logrado es basura.
No hay esperanzas para el ateo,
ni para el que dejo de usar desodorante en honor
a la Iglesia Cristiana.
No hay que preocuparse demasiado,
el final será parecido al de los dinosaurios.
El mundo no se acabara para el mundo;
sino para nosotros.
Sácate esa absurda idea de la cabeza,
tu vanidad es tan inútil
como un lloriqueo por la vida,
ante un psicópata que está a punto de dispararte
sin motivo alguno.
Ni las cuentas bancarias,
ni tus zapatillas,
ni siquiera los tres títulos universitarios colgados
en la pared de tu habitación podrán servirte de algo.
Tarde o temprano
tendrás que tragarte
tus aires de grandeza y superioridad.
Acéptalo,
se mas humilde;
no somos,
ni seremos
tan importantes.
Por más triste y vergonzoso que parezca,
el sol no gira alrededor de la tierra,
nosotros giramos en torno al sol.
Eduardo Velásquez
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