Y
aquí estamos
soportando la suciedad de estas calles malditas.
Intoxicándonos con el olor a muerte que se corre
por los callejones.
Viviendo en la oscuridad de días y días
apestosos a licor barato.
Poniendo el despertador a sonar
un poco antes.
Unos corren al trabajo,
otros a la universidad para empezar
a condenar sus vidas,
y los mas sabios son cargados en urnas
por gente que aún
no está al tanto de todo.
Y así continuamos:
en esta paulatina decadencia sin fin,
con las madres vistiendo a sus niños
para llevarlos a la escuela,
con los hombres pegando a sus mujeres
y a sus hijos,
con el enfermo de cáncer que aún no
acepta su condena,
y con el suicida a punto de disparase
en la cien
porque entendió todo antes de tiempo.
La coreografía permanece tan intacta
como esta cruda realidad,
mientras miles de actores
hacen colas interminables
para actuar en guiones que a pesar de los
años resisten al cambio.
Y así nos pasamos la vida:
protegiendo una diminuta migaja de esperanza,
aguardando
un golpe de suerte que tal vez nunca llegue,
y si por primera vez lo hace,
lo mas seguro
es que estando tan muertos
no lleguemos a sentirlo.
Eduardo Velásquez
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